Author: Na Zip Ektenel Xibalba
•Tuesday, November 24, 2009



maromero no te vayas
pinta de colores las sonrisas
cuenta historias errantes
en la plaza humeante de las villas

baila esa cadencia llena de llanto y olvido
aquella tierra te vió llegar
aquella tierra te vió crecer
aquella tierra no te va a olvidar

sonoros sonidos de orquesta inexistente
esa lágrima que nunca llovió en aquellos polvorientos valles
de pobreza material
de olvido sexenal
pero de soberbia riqueza espiritual

no te puedo dejar de escuchar
no te puedo dejar de pensar
jamás desearía olvidar
cada giro de trapecio
rasgueo de bajo quinto

Recuérdame gitano a tu melancolía
canta a ritmo de si bemol
aquel poema lleno de (vejez)
aquel escrito lleno de recuerdos
aquella muerte bajo el sol

recuerda esas letras sublimes
aquella raza de bronce
que llora rie danza
hasta el ocaso del infinito
cuando la humanidad del todo caiga en un sueño

el olvido


Na Zip Ektenel X.





Con esta cantada ya me voy
con mucha alegría y tristeza
con la bendición y la promesa
de regresar con mi humilde actuación
y con honor.


Adiós gran trapecio que usé
gracias que me diste tu altura
gracias por mecerme con ternura
ya nunca más volveré a volar.


Si alguna vez
yo no encontrara
y no pudiera la barra alcanzar
te enterraría tu pie como un sepulcro
para en las noches poder balancear
sin parar.


Ya nunca jamás volveré a ver
a todos esos cancioneros
a los grandiosos maromeros
que siempre actuaron con gran vocación
y con amor.


Ya se fue la plana mayor
se llevaron todas las cantadas
y esas malagueñas y patadas
de unambulismo y juegos de salón.


En una noche de luna brillante
se vió un trapecio que se movía
era la sombra de un alma errante
de un viejo artista que se despedía
con gran final.


Plaza de esto con de cantar *
al sepulcro inherme su canción
ya comenzará otra actuación
de Manuel Montes volver a cantar
y a bailar.


Se enmudeció el arte mayor
se cayó el bajo y el violín
la tambora no anuncia el festín
el doble llama al negro Feston


La ultima vez los vieron volando
con rumbo al cielo se despedían
cuenta la gente que iban llorando
por que sabían que no volverían
nunca


jamás.




El maromero
Rubén Luengas.
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